DESCUBREN CENOTE EN QUINTANA ROO CON VESTIGIOS HUMANOS DE 10 MIL 500 AÑOS

Investigadores del Instituto de Geología (IGL), de la UNAM y del INAH descubrieron un cenote en Quintana Roo en el que hallaron vestigios de vida humana que datan de hace diez mil 500 años y que confirman el uso de las cuevas para usos rituales e incluso quizá, habitacionales.

Para conocer más al respecto, Adriana Delgado conversó con el Dr. Alejandro Terrazas, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, y el Arqueólogo Luis Alberto Martos, miembro del proyecto Cuevas y Fogones en Quintana Roo del INAH, quienes detallaron aspectos del descubrimiento del cenote Aktun-Ha.

Los cenotes eran cuevas sumergidas a finales de la Edad del Hielo

El Dr. Terrazas detalló que este cenote forma parte de cuevas sumergidas en Quintana Roo a finales de la Edad del Hielo, cuando estos espacios estaban secos y los humanos podían entrar caminando a las cuevas.

Explicó que encontraron esqueletos humanos que se conservaron “por azares afortunados” dentro de las cuevas, lo fue un gran hallazgo pues “no habíamos logrado demostrar cómo se hacía para que estuvieran dentro”, ya que se trataba de pasajes muy peligrosos y de difícil acceso.

Los fogones podrían ser evidencia de permanencia humana

A esto, el Arqueólogo Martos recordó que en el pasado se habían realizado y descubierto algunos vestigios humanos en esa zona, aunque el descubrimiento de fogones en la Cámara de los Ancestros a 23 o 28 metros de profundidad vieron la posibilidad de que existiera carbón, con el cual realizaban estos fogones.

El investigador de la UNAM agregó que aunque efectivamente había información sobre asentamientos humanos, era poca en Yucatán, por lo que no sabían tanto de su cultura. Con el hallazgo de Aktun-Ha comprendieron más acerca del medio ambiente en el que vivieron y la tecnología que usaron para adecuarse.

Por su parte, el Arqueólogo concretó que determinaron que podía tratarse de espacios funerarios, aunque también pudieron haber sido ocupados permanentemente por nuestros ancestros, ya que encontraron hasta 14 fogones con casi 250 metros de penetración.

Manifestó que en la Cámara de los Ancestros había espacios en los que se pudo constatar fuegos de hasta 200 grados centígrados que estaban permanentemente prendidos y otros en los que se alcanzaban los 600 grados, como una chimenea natural donde podrían haber calentado comida o usarlo para otros efectos. (El Heraldo)

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